La creación de empleo en el sector privado se desaceleró. Las empresas cuidan el capital que tiene porque aún no saben cómo golpeará la crisis global. Sin embargo, en el sector público, la situación es muy distinta. Casi diariamente puede observarse en el Boletín Oficial la designación de decenas de empleados. Tal vez se esgrima de que se trata de renovación de contratos. Pero otro tanto responde a la decisión de tomar a gran parte de la gente que trabajó durante la campaña. En provincias como las del NOA, la generación de puestos de trabajo sustenta el poder político del gobernante. Cuando están dentro de la administración pública, el funcionario de turno sólo debe preocuparse por fidelizar a las bases cada vez que hay una elección. Y, mientras siga habiendo regularidad en el pago de salarios, no habrá grandes inconvenientes para cumplir ese cometido. Los tiempos de crecimiento económico han contribuido para que los estatales se olviden de reclamar, en la calle, por sus salarios atrasados.
Otra parte de la historia la constituyen los planes sociales. Hace algunos años un sondeo encargado por el Banco Mundial constató que, en el NOA; el 83% de la población está convencida de que hay uso político de esos programas sociales. Y, además, corroboró que al 61% de la población no le molesta que existan, siempre y cuando sean bien otorgados. Y esto está en sintonía con una de las conclusiones de la Universidad Católica Argentina (UCA): "el asistencialismo encubierto no es el camino para encontrar una solución adecuada a los actuales problemas sociales. Es fundamental una política de Estado que incentive la inversión en capital humano y que se propicien la inserción de la población vulnerable en las actividades más modernas y de mayor productividad". He aquí una cuestión que aún no está resuelta.